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jueves, 27 de enero de 2011

Reglas del juego para los hombres que quieren amar a mujeres

Reglas del juego para los hombres que quieren amar a mujeres


Gioconda Belli

I
El hombre que me ame
deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
encontrar la profundidad de mis ojos
y conocer la que anida en mí,
la golondrina
transparente de la ternura.

II
El hombre que me ame
no querrá poseerme como una mercancía,
ni exhibirme como un trofeo de caza,
sabrá estar a mi lado
con el mismo amor
con que yo estaré al lado suyo.

III
El amor del hombre que me ame
será fuerte como los árboles de ceibo,
protector y seguro como ellos,
limpio como una mañana de diciembre.

IV
El hombre que me ame
no dudará de mi sonrisa
ni temerá la abundancia de mi pelo
respetará la tristeza, el silencio
y con caricias tocará mi vientre como guitarra
para que brote música y alegría
desde el fondo de mi cuerpo.

V
El hombre que me ame
podrá encontrar en mí
la hamaca para descansar
el pesado fardo de sus preocupaciones
la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,
el lago donde flotar
sin miedo de que el ancla del compromiso
le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.

VI
El hombre que me ame
hará poesía con su vida,
construyendo cada día
con la mirada puesta en el futuro.

VII
Por sobre todas las cosas,
el hombre que me ame
deberá amar al pueblo
no como una abstracta palabra
sacada de la manga,
sino como algo real, concreto,
ante quien rendir homenaje con acciones
y dar la vida si necesario.

VIII
El hombre que me ame
reconocerá mi rostro en la trinchera
rodilla en tierra me amará
mientras los dos disparamos juntos
contra el enemigo.

IX
El amor de mi hombre
no conocerá el miedo a la entrega,
ni temerá descubrirse ante la magia del
enamoramiento
en una plaza pública llena de multitudes
Podra gritar —te quiero—
o hacer rótulos en lo alto de los edificios
proclamando su derecho a sentir
el más hermoso y humano de los sentimientos.

X
El amor de mi hombre
no le huirá a las cocinas
ni a los pañales del hijo,
será como un viento fresco
llevándose entre nubes de sueño y de pasado
las debilidades que, por siglos, nos mantuvieron
separados
como seres de distinta estatura

XI
El amor de mi hombre
no querrá rotularme o etiquetarme,
me dará aire, espacio,
alimento para crecer y ser mejor,
como una Revolución
que hace de cada día
el comienzo de una nueva victoria.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Simplemente vivos

Te veo, llego a la habitación. Los pelos de tu cara están crecidos, homogéneamente distribuidos los negros con los blancos. Las canas te hacen ver mayor.
Tu me besas, me tomas entre tus brazos.

-¡Me picas!.
-Cuando termine de crecer la barba, ya no te picaré.
-Cuando te conocí, ¿recuerdas que tenías un candado alrededor de la boca?

Ese candado era completamente negro. Ahora es la mitad negro y la mitad plateado.

Tu boca. Tan suave, grande y hábil. Me besas, succionas mis labios. Metes la lengua, buscando la mía.

Y siento ese mismo golpe de sangre, de la primera vez que me besaste. Recuerdo, reencuentro, tu olor, tu barba, mi corazón latiendo, la certeza de que nunca podré resistirme, y mi respiración que se agita, suspiro. Sobre la ropa, frotas mis senos, siento los pezones buscándote.

Tu no pierdes el tiempo, desabrochas mi pantalón, lo bajas, y metes la mano adentro, sobre las nalgas frias, separadas por un hilo dental. De manera tosca, tus dedos buscan mis labios menores. Respingo al sentirlos colándose entre mis pelos.
-¡Cómo puedes estar tan mojada!... ¿Cómo, Preciosa?

Es el tipo de recriminación que me vuelve loca. Estoy empapada, apenas me has besado, me has magreado un poquito, y yo estoy escurriendo. Me siento culpable ¿Cómo puedo estar tan mojada?

Estoy contrariada,  a la vez soy tan probablemente diferente, que eso me reconforta.

-¡Pues por los besos que me estás dando! ¡No soy de palo!

Te separas de mi, y comienzas a desabrocharte el cinturón, el pantalón, cae y queda a media pierna, te sacas la verga que como siempre, está enorme, brincando, apuntando hacia mí. Es como si me fueras a castigar, por ser una niña mala, me vas a dar mi merecido. Una gota de miedo recorre mi espalda.

-Cómo puedes estar tan mojada ¿Eh? Ya se, quieres que te la meta, ¿Verdad?

Me das media vuelta, me doblas hacia adelante, y siento tus dedos separando la tela de la tanga de mi cuerpo, y haciéndola a un lado. Siento tu pene tanteando entre mis nalgas, la cabeza metiéndose entre mis pelos, remojándose en mi jugo, abriendo un poco, solo un poco mis labios. Solo la cabeza me penetra. Entra y sale, rápidamente. Frota mi clítoris, y siento que poco a poco me abro, mientras la cabeza me da vueltas.

Por fin entras en mi. Lentamente, tomas vuelo, poco a poco, lo vas haciendo más rápido, y tocas una parte, cierta parte dentro de mi, con tu mástil, que me taladra, que de la misma manera, me hace sentir un placer indescriptible.
Estás dentro de mi, golpeando mis vísceras, de cierta manera irresistible, que provoca suspiros. Casi sin darme cuenta, jalo tu mano, hacia adelante, tu entiendes y te chupas los dedos, y con esas manos enormes y oscuras, de la manera más suave posible, trazas círculos sobre mi clítoris. Hormigas recorren mi espalda, la piel se me enchina, parece que estás golpeteando mi cerebro, y anuncio:

-Ay, me voy a venir...

La fuerza me falta en las piernas, se me doblan, tu me sostienes, tu pene de gancho no me deja caer, me contraigo alrededor tuyo, y tu aumentas la velocidad de tu cadera, que me traspasa sin pausa.

Suspiro, jadeo, me suelto, tu me colocas sobre la cama, me desnudas, te desnudas, te recuestas en ella, y me dices:

-Ahora si, vamos a empezar. Primero te voy a comer, acuéstate sobre mi.

En 69 mis nalgas quedan enfrente de tu cara. Me encanta que me digas lo que vas a hacer, que no me pides mi opinión, tu decides, yo obedezco.

En mi extremo, tengo tu verga como mástil enfrente de la cara. Es un poco raro, verla de esa manera aislada, sin rostro, como si fuera de cualquier otro hombre. Tu cadera la eleva, la punta me roza los labios, yo abro la boca, y ella se mete adentro. Por el otro lado, tu lengua perfora mi vulva, como un pequeño pene cónico, se mete en mi agujero, se suaviza, se vuelve de gato,y me lame de abajo a arriba, provocándome escalofríos. Se endurece, se transforma en punta, y con movimientos rápidos y cortos, ataca mi clitoris. Me imagino que estoy escurriéndo sobre tu boca. Tus barbas se están bañando de mi humedad. Me excita imaginarte mojándote en mi, empapado en mi olor. Uno de tus brazos rodea mi cintura, y mis caderas comienzan a moverse, involuntariamente. Estoy restregando el coño en tu lengua. Tu lengua se mueve, pero yo me ayudo, las nalgas brincando frente a tu cara. Uy el placer...
Uno de tus dedos me penetra, otro más. Yo sujeto tu verga con la mano, está como piedra, chupo la cabeza, los dientes están sobre tu frenillo. Te chupas los dedos, y metes uno de ellos en mi ano. Ahora si no puedo mover la cadera, me tienes completamente sujeta, solo tu lengua se mueve sobre mi clítoris.

Y yo no puedo más, exploto, tengo miedo de morderte, por un momento te saco de mi boca, te aprieto con la mano, fuertemente, me vengo en tu cara, siento como mis caderas quieren moverse pero no pueden, porque no me sueltas ni un segundo.

Durante todas las pequeñas sacudidas, tu lengua no se separa de mi clítoris. El estímulo empieza a ser demasiado fuerte y trato de soltarme.

-No Preciosa, no te vas, apenas estoy empezando...

Sigo sin poder soltarme, estoy completamente sujeta. Tus dedos salen de mi,, pero tu lengua sigue trabajando. Después de un momento, el estímulo se transforma, vuelve a ser placentero, cada una de tus manos sujeta una de mis nalgas, ahora mueves la cabeza de un lado a otro. Y yo mientas pienso, en donde habrás aprendido a hacerlo tan bien, tan bien, que siento que voy en camino, nuevamente...

Lo que no me gusta tanto del 69, es que no me puedo concentrar en comerte, porque estoy tratando de procesar lo que sucede en el otro extremo de mi cuerpo. Yo mientras tanto tomo tus huevos en  mis manos, los aprieto, lamo tu pene.

-Ay si preciosa, apriétame los huevos...

Yo intento, lo mejor que puedo, en hacerte una mamada, con una mano sujeto el tronco, mi saliva ya ha lubricado todo, mi paladar es golpeado por tu cabeza, pero nuevamente el estímulo estan deliciosamente correcto, que estoy a punto de venirme, nuevamente, y mi boca te suelta, mientras el otro extremo se contrae, una, dos, tres, cuatro veces... Ahora si puedo mover las caderas, tu lengua se une y se separa de mi cuerpo por segundos.

Asi empieza, nuevamente otra ocasión, en la que nos hacemos nuestros, uno en dos, sin fin, como siempre. Yo arriba de ti, montándonos, desmontándonos, tu arriba de mi, de lado por atrás. Como dos demonios en una danza macabra, completamente empapados, sintiéndonos, haciéndonos sentir, simplemente vivos

lunes, 19 de julio de 2010

lap dance

viernes, 9 de julio de 2010

Sonrisa secreta

Todavía
dentro de mi
huelo tu semen
y una sonrisa secreta
se esboza en el interior.

Todavía
me estremece
el vaho de tu boca
sobre mi vulva henchida
creciendo, goteando
abriendose con propia voluntad

Todavía recuerdo
tu lengua de gato
tus besos profundos
tus ojos negros mirándome
curiosos, mientras te beso

Todavía recuerdo
tu pene intruso
venoso
caliente
morado
rígido
latiendo en mis labios

Todavía puedo sentir tu cadera
violenta, veloz, insistente
horadando mi cuerpo

Y desde el interior
surge una sonrisa secreta
que comenzó ayer

domingo, 4 de julio de 2010

se encuentran en mi

Partes de ustedes hay en mí
evidencia física, huellas biológicas
sudor, lágrimas, caricias,
rastro
no se notan, no se ven,
pero hay besos en el cuello
saliva en la entrepierna
semen en la boca
rasguños en el rostro

Si iluminaran con luz
si hurgaran en mi interior
notarían su semilla confundiéndose
sobresaltándose
al encontrarse dentro.

Hallarían a sus manos,
sus huellas
una sobre otra
en las mismas partes
unas fuertes y suaves
otras pequeñas y sutiles

Somos sin notarse un trio
sudor de uno
gotea
sobre la semilla de otro
saliva se mezcla
con el beso anterior

martes, 4 de mayo de 2010

primera noche juntos

Es desagradable estar esperando. Hay pocas cosas que me disgustan más. En la espera, me entretenía leyendo, tratando de relajarme, de sacar de mi mente las ganas de huir. Esperaba en la suite que habías dispuesto para nuestra primera noche completa juntos, en uno de los hoteles más caros del país.
Conozco varias sucursales del mismo en otras ciudades. Pero no deja de ser encantador el detalle del lugar esplendoroso en el que te estaba esperando, después de haber comido sola firmando la cuenta a tu nombre. No quería que me vieran, que nadie hablara conmigo. Sentía que algo me jalaba muy lejos de ahí, y por alguna razón yo me resistía a esa fuerza.
Inquieta, trataba de relajarme. Pensaba que no iba a funcionar, que simplemente mi cuerpo no respondería. Estaba segura de que no iba a ser una buena idea. Por fin te escuché entrar. Te vi tan hermoso, con tu traje, y tu aroma de madera. Y repentinamente empecé a pensar que tal vez no era tan mala idea...
Me tomaste entre tus brazos, y comenzaste a besarme. Un mínimo saludo se cruzó entre nosotros.
-¿Cómo te fue? pregunte, más por educada que por otra cosa
-mmm bien, pero no tienes ganas de hablar por el momento, ¿o si?

Esa fuerza brutal crecía en mis entrañas, me nublaba la mente, me impedía pensar, y sentía como poco a poco me sumergía en la lujuria. Me sorprendió como mis dudas de hacía media hora, se disipaban, me daba cuenta de como mi cuerpo te extrañaba, te recordaba, a diferencia de mi mente, de la razón, que unos momentos antes me llevaban lejos de ahí.

Si, estaba bien, todo iba a salir bien, ya estabas ahí, en mis brazos, en mi boca, en mis pezones, mis nalgas, te sentía como un pulpo, tus manos amasando mis caderas, sintiendo el contorno de mi cintura, de mis nalgas, de mi sexo.

Comencé a jalarte la corbata, a desabotonar tu camisa, sin dejar de besarte. Tu respiración ruidosa sobre mi boca, respirando mi aliento, recordándome por que estaba en ese lugar.
En unos segundos te tenía completamente desnudo, empalmado, oloroso, en mi boca, y en mis manos.

-Ven, vamos al baño, te voy a bañar. ¡Qué hambre atrasada!

El enorme baño lleno de espejos por todos lados, nos rompía en mil imágenes, Te veía mirándome a los ojos, observando sobre mis hombros, viendo los espejos, reflejándonos como una orgía sin fin. Encendiste el jacuzzi, y regresaste para seguir desnudándome lentamente.

-Preciosa, aléjate, quiero verte, termina de desnudarte.

Quisiera hacerte un show, pero soy demasiado autoconsciente para eso. Me limité a desnudarme lentamente, desabrochando el sostén, y viendo tus ojos vidriosos posándome sobre mis senos, deslizando lentamente la tanga de encaje entre mis piernas, notando los hilos de humedad que se formaban entre ellas.

Me incliné hacia adelante para sentir la temperatura del agua que iba llenando el jacuzzi.

-Uy preciosa, no te muevas, quédate ahí...

Desde atrás metiste la verga entre mis piernas. La cabeza morada rozaba mi vulva, mojándose ruidosamente. El placer me agobiaba, el escuchar tus gemidos, y los ruidos acuáticos que nuestros sexos hacían.

-Creo que no vamos a llegar al jacuzzi...
-Tienes razón...
-Uy está muy caliente el agua!! me senté en el borde de la tina. Te metiste en el agua y separaste mis piernas.

-Siéntante en esta toalla, porque ahora te voy a comer.

Notaba como mi vulva latía, estaba como al triple de su tamaño normal, los labios rojos e hinchados sobresalían entre los pelos, y no podía dejar de pensar en que es una especie de erección interna increíblemente obvia.

Creo que no hay mejor sensación, para contrarrestar las ganas de huír y la molestia de esperar, que la de una suave lengua lamiendo mis partes más íntimas. El placer es increíble, pero lo es más el verte abajo, concentrado en satisfacerme, en observarme, en hacerme venir antes de tomar algo para tí. Hay algo de majestuoso en esa imagen que percibes desde abajo, mi rostro enrojecido, transformado, jadeando, gimiendo entre los senos temblorosos vistos desde allá. Así me imagino tu punto de vista.

Tu lengua introduciéndose entre mis labios, subiendo, bajando, concentrándose en el clítoris, tu boca posándose sobre toda mi vulva, mientras tu nariz hace círculos justo en donde tu lengua estaba hace un momento. Mi mente se apaga, el tiempo se detiene, y mi sexo se contrae y se abre en espasmos infinitos. Unos segundos floto en la tierra de nadie, sin saber quien soy o en dónde me encuentro. Abro los ojos y te vuelvo a ver allá abajo, implorando mi atención, con tu boca sobre mi vulva.

Encantado me observas, sonries, te acercas, me besas, me huelo en tu boca, en la mía. Nuestras lenguas se trenzan, recargas tu espalda sobre la tina, y me deslizo entre tus piernas. Tu rabo se asoma por el borde del agua, y lo tomo entre los labios, lo chupo, me lo meto en la boca, lo succiono, subo, bajo, cierras los ojos, tu cabeza se inclina hacia atrás. No puede estar más duro, podría estallar. El agua me encanta, lubrica todo tan bien, o eso me parece. Está calientita, el agua, tu verga, tu cuerpo flota y el mío también.

-Preciosa, detente, estoy a punto de venirme, y todavía te la quiero meter...
-Está bien, guapo, te voy a enjabonar.

Tomo el jabón, y los vellos de tu pecho funcionan como esponja. Te convierto en una bolita de espuma, froto tus brazos, tu pecho, tu cuello, tu vientre, tu escroto. Te dejo bien limpio, me dices que es tu turno.

Te dedicas a enjabonarme el pecho. Tus manos sobre mis senos se sienten increíble. Subes una mano, bajas la otra, las metes abajo de mis brazos, en la espalda, entre las nalgas.

-Ya quedamos bien limpios, ahora te la voy a meter...

Me tomas de la cintura y me sientas sobre ti. Me encanta que entres de esa manera,  yo arriba, llevando el control. Así fue la primera vez que me la metíste, también
Justo en el momento en que entras en mí, los dos rugimos, me penetras, te dejo entrar. Esa sensación indescriptible podría recordarla aún después de años. Podrías rasgarme, romperme, tan grande te siento en mi interior. Recuerdo que el grosor de tu mástil es del ancho de mi muñeca. Creo que por eso te siento tan delicioso, tan enorme.
Y te cabalgo, de arriba a abajo, de adelante a atrás, reboto en el agua, rebotan mis senos frente a tu cara. Tu lengua los lame, atrapas un pezón entre tus labios, lo chupas, lo succionas, mientras tus manos sujetan mis nalgas.
-Preciosa date la vuelta, súbete en mi. Giro sobre tu pene, y te doy la espalda, tus manos toman mis senos y me acuestas sobre tu pecho. Me tienes ensartada desde atrás, tu pene de gancho no me suelta, entra y sale, tus manos acarician mi vientre liso, se meten entre mis piernas, tus dedos se cuelan sobre mi clítoris, trazan círculos infinitos mientas tu me coges sin prisa pero sin pausa.
Me gusta sentir tu aliento sobre mi oído, pero me yergo y en cuclillas me enderezo para metérmela y sacármela a toda velocidad, chapoteando en el agua.

-Creo que ya quedamos suficientemente limpios, vámonos al cuarto

Te sientas en el sillón, y desnuda, me siento entre tus piernas. Ahora todo está seco, hay que volver a lubricarlo. Metes tu pene en mi boca, golpeas el paladar con la cabeza, yo sujeto tus huevos, con una mano sostengo la base de tu polla. Te encanta, te gusta, metes los dedos entre mis rizos mojados. Te veo acercarte, alejarte, gemir, ese caminito que conozco que te lleva al orgasmo.

-Antes de que te vengas, quiero que nos vayamos a la cama y te subas arriba de mi y me la metas

Está bien, preciosa, te voy a filmar, vete a la cama.

Colocas la cámara en el mueble frente a la cama, y yo abro las piernas, y te pido que vengas.
Sumerjo los dedos dentro de mi, me froto el clítoris en círculos, siento esa increíble humedad. Y tu gozas observándome gozar, tu pene brica, se eleva, apunta hacia mi, yo lo observo, me relamo, veo tus ojos observando como me masturbo para ti ante la cámara.

Casi no puedes aguantar más las ganas de cogerme desesperadamente, pero sabes que siento exactamente lo mismo, te pido que vengas, que me la metas ya, por favor...

Gateas sobre la cama, te acercas a mi, te metes entre mis piernas, bajas la polla, la empujas entre mis labios, siento que mi cabeza da vueltas, y me la sacas

-No... todavía no te la voy a meter dices mirándome a los ojos sonriendo.

-Ya métemela por favor... (Te encanta que te lo ruegue)

Solo la cabeza roza mis labios, cierro los ojos, esperando que me penetres, rezando que lo hagas pronto, hasta el fondo...

Abro los ojos y los tuyos están enfrente, sonriendo, sin moverte

Pues si no me la metes, me la meto yo sola...

Mis piernas rodean tu cadera, y solita me penetro a mi misma contigo

Ries, me rio, te sorprendes, los dos reímos, cuando comienzas a moverte rápidamente sobre mi.

Y siento un placer indescriptible, que me taladra, crece en mi, tu barra cálida se funde en mis paredes, y me siento hembra por siempre, abajo de tí, goteas sobre mi rostro, respiras sobre mi boca, me besas, tu lengua ataca la mía. Y me voy a venir, contigo adentro, moviéndote rápidamente como tu lo sabes hacer. Mi boca se desliga de la tuya, gime mientas me vengo en tu pene, se contrae la vulva, se cierra con fuerza y mi pecho grita. Y tu me miras a los ojos, no los cierras, solo cierras mis piernas, tus huevos se presionan enmedio, entras y sales, hasta que suspiras en mi boca, tiemblas sobre mi, te desplomas en un grito agudo.

Te acuestas atrás de mi, me abrazas la cintura, los dos jadeamos, cada vez más lento, mientras empieza nuestra primera noche juntos

miércoles, 24 de marzo de 2010

antesala


En la antesala para abordar el avión me encuentro. La irrealidad me ataca por momentos. Setecientas veces me has roto el corazón, otras setecientas lo has recuperado. A veces siento que has muerto y renacido mil veces, y en todas estoy yo, sin aparentar nada desde afuera, observando cómo el destino juega con nosotros. Es sorprendente el mundo que existe en mi interior, y que es completamente desconocido para todos.


-Preciosa, ¿puedes traer un par de tus juguetitos?
- ¿Para que quieres un par? ...¿que pensarán de mi si revisan mi equiaje y se encuentran con dos vibradores?
-Pensarán que eres una princesita muy traviesa...

En el fondo, eso es exactamente lo que soy para ti. Una princesa, un hada, etérea, irreal. Traviesa, diferente, encabronadamente cachonda. Ese es el fundamento de nosotros, lo que nos mantiene en el tiempo.

Tengo la ventaja de que yo lo se todo de ti. Se como eres, dónde andas, lo que haces. Por momentos me enojo, cuando aparece una foto en la que sales con ella. Hago mis entripados, y una pequeña parte de mi te saca de mi interior. Pero sé lo que sucede, que enmedio de ustedes, estoy yo, como un fantasma, como una incertidumbre, que ya tiene rostro.

Y después de un rato, se me pasa el enojo. Como hoy en la mañana, cuando me disponía a venir. Pensaba, ¿que pasaría si no llego? ¿Si el boleto se queda pagado y sin usar? ¿Si no me encuentras desnuda cuando llegues a la habitación?

Pasaría que me perdería la oportunidad de volver a estar en tus brazos, de que estés adentro de mi. De que me recuerdes por que es que sigo en este torbellino emocional. De que vuelva a sentir esa absoluta adoración que tienes por mi.

Son muchas mas horas de las que hemos estado juntos de una vez. Es una especie de prueba, que nunca hemos pasado.

Me entretengo pensando que haremos, si nos meteremos a bañar cuando llegues, si te enjabonaré concienzudamente, lentamente, paseando mis dedos por todos tus rebordes. Si daré una probadita a tu segunda cabeza, gorda, brillante, morada.

Imagino que podría untarte con aceite, al fin que tenemos toda la noche, no hay prisas. podría deslizar mis manos por tu pecho velludo, por tu vientre liso de negro, por tu entrepierna, y disfrutar un poco con el mástil que se me ofrece, antes de sentarme sobre el, y hacerlo solo mio.

Por otro lado, pienso si no sería mejor quedarme aqui, y dejar de vivir una realidad que no es la mía, con un hombre que no es para mi, y que nunca lo ha sido.

...Ya es tarde, ya estoy desnuda en la habitación, esperándote.

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