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domingo, 21 de junio de 2009

llego el dia


A veces me pregunto como logro desconectarme de los sentimientos mas dolorosos. Como si una pesada tapa se colocara sobre el abismo donde yace mi tristeza, como si la vida me protegiera de lo que se encierra adentro.
Es sorprendente, pero cualquiera diría que parezco normal. Mi vida funciona, me veo alegre.
Sin embargo, tengo miedo de verme al espejo y encontrar dentro de mi, lo que debería estar sintiendo.
En ocasiones vislumbro la situación desde un punto de vista externo a mi. A veces logro observar la situación fríamente.
Y es en esos momentos en los que me siento más lejana de lo que siento. Es como si pudiera verme a mi misma como una desconocida. Es una especie de pánico oculto, que rondo, que le doy vueltas, y que no logro enfrentar, que no quiero ver.
Una mujer con una linda familia, una hermosa vida, amigos, amigas. Rodeada de amor y éxito. Con unos hijos preciosos y un esposo que me ama.
Y por dentro, siento que el corazón me fue arrebatado del pecho. Trato de no verlo, trato de minimizarlo, de ocultarlo de mi misma, porque no tengo pretexto ni justificación para mostrarme como lo siento.
Algo me hacía falta en la vida. Algo que reencontré hace un año.
Algo que la vida me quitó, cuando ya lo tenía.

El día llegó en que te fuiste.

Ninguno de los dos lo quiere ver así. Nos encontramos alegremente, nos reímos. Pasé por ti, y aunque estás estresado por todo lo que tienes que resolver en estos momentos, te desconectaste de eso por completo.

Nos fuimos al hotel, nos abrazamos, nos besamos.

Enumeraste todo lo que pensabas hacerme ese día. Al escucharte, sentía una opresión en el pecho, golpes de sangre en la vulva, que latía con tus palabras.

-Preciosa, te voy a besar, te voy a tocar. Te comeré hasta que te vengas muchas, muchas veces. Te acariciaré hasta que te sientas enloquecer. Te vas a morir de ganas de que entre en ti. Y cuando eso suceda, te voy a coger, mucho, mucho tiempo. Quisiera estar en ti siempre, penetrar tu cuerpo, y quedarme ahí.

Y cumpliste todo lo que dijiste excepto las últimas tres palabras.

No puedo recordar la cantidad de veces que me vine. No puedo describir la sensación de tus dedos frotando mi vulva, entrando y saliendo, haciendo círculos suaves, mojados, sobre mi clítoris. Imposible describir lo que sentí cuando introducías tus dedos en mi. No se exactamente lo que haces con tu lengua en mi vulva, pero sé que encuentra el punto justo, y la punta se mueve rápidamente sobre el clítoris. Todo se vuelve húmedo, fluido, cálido. Los pensamientos se vuelven confusos, inconexos. Empiezo a flotar en un mar tibio y las olas se meten dentro de mi, dentro de mis órganos, sacudiéndome, primero suavemente y luego en espasmos violentos.

Y no te detienes. Lo haces una y otra vez, y empiezo a perder la cabeza, a enloquecer poco a poco, como lo predijiste. Llego a un estado en el que la razón se pierde, se apaga. Me convierto en hembra, en túnel, en entrada, en puerta. Y no puedo pensar otra cosa en que me llenes de ti, que entres, que me penetres.

Me he quedado sin ropa de la cintura para abajo, no recuerdo bien como. Tu estás completamente desnudo. Sin hablar, me colocas sobre ti. Rápidamente siento la punta de tu pene justo en la entrada de mi vagina. Me muero por sentarme sobre ella, para que entre por completo, hasta el fondo. Pero no lo hago. Solo permito que entre la cabeza, de manera que la entrada de la vagina, se abre, da de si, rodea la morada ciruela de la punta de tu miembro. Así, empiezo a mover la pelvis rápidamente pero solo sobre la cabeza de tu polla. En ese momento te perforo con mi mirada, y veo tu rostro encendido, transfigurado, tus ojos enrojecidos, la boca abierta, jadeando.

Y quiero quedarme con esa imagen en la mente, porque estás en el mismo estado que yo. Estamos los dos completamente desquiciados. Me dices: Ay preciosa, me encantas...

En una frenética cabalgata, desesperada, tus manos sujetan mis nalgas. Las hacen hacia arriba y hacia abajo, para frotar mi vagina contra tu polla. Te digo que me muero de placer, y escucho mi voz, como si fuera de otra persona, gutural, extraña.

Y colocas una de mis piernas entre las tuyas y la otra rodeándote. Mi pecho recostado transversalmente sobre ti. En esa posición, tu pene está dentro de mi, pero haciendo presión sobre mi clítoris, perpendicularmente. Ya no puedo mas. El placer me desborda, me abruma, y por un segundo me doy cuenta de que te vas a vivir a otro país, que no te veré. Y empiezo a sollozar, como un bebé, a llorar sobre ti, sobre tu pecho, escondida bajo mi pelo, que se ha soltado, abajo de mi montaña de rizos largos, con la cara sobre tu cuello, mientras te digo ...Guapo, que voy a hacer...

Algo se desgarró dentro de mi. Pero no pienso echar a perder ese momento. Como puedo, me seco las lágrimas, mientras me acaricias y entras y sales lentamente...

Y es en ese momento, en el que todo mi dolor se va a ese abismo de tapa pesada, se guarda, se oculta, se desconecta de mi.

Y sigo cabalgándote, apechugando, y poco a poco, regreso.

Y giramos, y quedo abajo de ti. Y siento todas tus ganas, toda tu fuerza, toda tu verga, que entra y sale, mientras me besas, mientras me dices mi amor, te quiero...¿Cuánto me amas?

Yo no respondo, no te escucho. Tus palabras quedan flotando en el aire, en la negación.

Y me pregunto, donde pongo ese amor, en que repisa lo guardo. Ese amor que está aislado de mi mundo, que es imposible, que nadie conoce. Que destruiría mi vida, que causaría dolor a todas las personas que me rodean.

Es un amor que siempre estará oculto, inadvertido, inaccesible. Que complementa mi vida, pero que a la vez puede acabar con ella.

No entiendo donde se pone este sentir. Dónde está tu mujer, donde está mi marido, en medio de todo esto.

Todavía me follaste mucho tiempo más. Me pusiste de lado, del otro, boca abajo. Me dijiste Te quiero penetrar tanto, quisiera estar así toda mi vida Cuando entraste en mi culo, y el dolor se disolvió, y me gozaste a mas no poder, preguntaste si me dolía, y te dije que no. Y respondiste ...Que bueno porque me quiero quedar así siempre

Es tu manera de negar tu dolor, de que muchos kilómetros nos separarán.

Te fuiste, dejándome con estos sentimientos. Dices que vendrás frecuentemente, buscarás clientes, buscarás la manera de venir, seguirás encontrando pretextos.

Y no se que pasará a partir de hoy.

6 comentarios:

fullmoon dijo...

Me encanta leerte, me identifico mucho contigo, se del dolor que hablas pues estoy viviendo lo mismo.

Lydia dijo...

Sentimientos encontrados... los de la marcha... los de celebrar ese momento cumbre, los de sentirse bien y mal... y al final, las preguntas de ¿qué pasará? ¿volverá?

susana moo dijo...

Jesús, elhombre de la foto tiene cabeza con forma de capullo de verga, ¿que no?

susana moo dijo...

Esa cabeza, verga parece.

diablillosexi dijo...

uyyyyyyyyyyyyyyyyy
me encanto
enora buena
chao
cuidate
princesa

POBRE SARA dijo...

Te leo hoy por primrra vez y me gusta como escribes...

Seguire leyendote.

Curiosamente te leo esto que yo vivi,..y volvi durante mucho tiempo...

Gracias

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