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domingo, 3 de mayo de 2009

me encantas, te deseo y te quiero tanto...

En este momento quisiera poder decir que estoy esperando que me escribas, o que me busques. No ha sucedido por unos días, y no lo estoy esperando. Es tranquilizante y a la vez un poco triste.

Ya se como es el juego, y no espero algo distinto.

A veces creo que todo esto es solo un ciclo y que mas bien está relacionado con mis hormonas. Una parte del mes te deseo, otra parte te amo, otra no me importa y otra te odio.

Preciosa: el martes estaré en la ciudad de México, y tengo conferencias todo el día, pero puedo cancelar algunas y verte por tres horas. ¿Quieres que nos veamos? Si pasas por mi, te invito a un hotel.

Está bien guapo, te recojo...

Desde que me dijiste que querías conducir, supe que algo traías entre manos. Ajustaste el asiento, los espejos y encendiste la camioneta. Tomaste una de mis manos, y la pusiste sobre tu paquete. Desamarré la cinta de tu pantalón de lino, y metí la mano adentro de la ropa. Sentí un pequeño sobresalto cuando percibí que no traías ropa interior y que tu miembro, suave, en cuanto sintió mis dedos, saltó como un resorte, endureciéndose y asomándose por la abertura del pantalón.

Acerqué mi boca a tu cuello, y comencé a lamerlo, mientras con la mano recorría suavemente tu pene. Introduje la lengua en tu oreja, mientras ronroneabas.

-Preciosa, me encanta sentirte aquí cerca pegada a mi...

Ya casi me dices con la mirada lo que deseas. En tus ojos leo lo que quieres que haga. Mirándote, supe que esperabas que me metiera tu polla en la boca. Divertida, me agaché sobre tu regazo y comencé a lamerlo, mientas conducías tratando de conservar la compostura.

-...Mira lo que traigo..., dijiste mientras me enseñabas un tubo de gel lubricante.

-...¡Qué susto!... Respondí, imaginando los planes que tenías para dentro de un rato.

Sonó tu teléfono y contestaste. Casi suelto una carcajada, cuando veía como intentabas contener los suspiros, y me hacías caras mientras hablabas. Tomé un poco del gel, y lo unté en la cabeza de tu miembro. Lentamente subía y bajaba la mano, apretando el tronco, y justo al llegar a la punta giraba toda la mano, rozando la cabeza con la palma, para bajar la mano en sentido contrario. Sonreí cuando entornabas los ojos y tu voz se quebraba, casi imperceptiblemente.

Al poco rato llegamos al hotel. Estacionaste, nos bajamos y dirigimos al mostrador. Pagaste, te dieron la llave y nos metimos al elevador. En cuanto se cerró la puerta, nuestras miradas se cruzaron y en un gesto sincronizado, empezamos a besarnos con premura. Me encanta como sueltas la respiración sobre mi boca, cuando intentas tomar aliento. En cuanto se abrió la puerta, nos separamos, aturdidos, mientras sentía mi vagina latiendo y escurriendo.

Nos metimos a la habitación, y mientras yo ponía el ipod en la bocina, tu en tres segundos te desnudaste por completo y abriste la cama. Con ternura te volteé a ver, notando tu impaciencia.

-¿Ya estás listo guapo? ¿Todo preparado? Dije, mientras te veía, completamente empalmado y desnudo, con la cámara encendida apuntando a mi trasero.

Frente al espejo, te colocaste atrás de mi. Comenzaste a besar mi cuello, y a acariciar mi cuerpo, frotando mis senos, apretando mis nalgas, restregando tu pene entre ellas, mientras metías la mano por enfrente, adentro de mi pantalón, y con la otra sostenías la cámara apuntando hacia el espejo. Yo solamente cerré los ojos, sintiendo tus manos, ahora aquí, ahora abajo, tu lengua en mi cuello, adentro de mi oído, recorriendo lentamente todos los pliegues de mi oreja

Sentí como desabrochaste mi pantalón y comenzaste a desnudarme de la cintura para abajo. Colocaste tu pene entre mis piernas y por delante metiste la mano para mantener la cabeza sobre mi clítoris. Las olas de calor y escalofríos recorrían todo mi cuerpo. Mis pezones sobresalían, el corazón se agitaba, y por delante, tomé con la mano,entre mis piernas a tu polla. La inquietud por metérmela un rato, se acrecentaba rápidamente. Abrí los ojos, mientras a través del espejo nuestras miradas se encontraron. Sonreí mientras intenté introducirte dentro de mi, y me devolviste la sonrisa con complicidad, cuando inmediatamente sacaste la cabeza de mi vulva. La frotabas entre mis labios, con firmeza. Yo sentía que en unos minutos más me podría venir de esa manera, pero finalmente sentí como me la metiste hasta adentro.

Movías la cadera de adelante hacia atrás, entrando y saliendo de mi, mientras yo frotaba mi clítoris con los dedos, y me apoyaba, doblada hacia adelante, sobre el mueble en frente del espejo.

Unos pequeños azotes en mis nalgas, me sobresaltaron, y mi carne vibraba ante tus embestidas. Apresuré el ritmo de las caricias en mi botón, y empecé a sentir que pronto me correría. Las sensaciones se acumulaban, tus suaves nalgadas en mi trasero, mi sorpresa ante eso, mis dedos sobre mi, y anuncié:

-Ya me voy a venir.

Una descarga eléctrica que recorría mi cuerpo, mientras mi vulva se cerraba y abría, violentamente y yo apretaba los ojos. El orgasmo fue muy intenso, y percibí como dejaste de entrar y salir para sentir las contracciones sobre tu polla.

Me tomaste de la cintura, y me colocaste sobre la cama, sin salirte. Comenzaste a moverte, hincado sobre mis piernas, atrás de mi espalda, jadeando y gimiendo. Al rato, te saliste de mi, y te acostaste de lado, mientras me indicabas que recostara mi cabeza sobre tu muslo y tu hundías la cara entre mis piernas. Tomaste mi clítoris entre tus labios, y empezaste a succionarlo con fuerza. Casi grito. Sentía como me alargabas, como si fuera un pequeño pene adentro de tu boca. Quería que nunca dejaras de hacerlo, que esa succión no tuviera fin. La sensación era tan intensa que casi era dolorosa. Mientras yo intentaba hacer lo mismo con tu pene en mi boca.

Te pregunté:

¿Ya quieres venirte?

-¡No!... fue tu contundente respuesta.

-Preciosa... Me gustas tanto... Decías en mi oído mientras te acostaste detrás de mi, y los dos de lado, me volviste a penetrar, moviéndote rápidamente.

-Preciosa... Te deseo tanto... Susurraste en mi oído mientras me colocabas boca arriba y metías una almohada abajo de mi cadera, introduciéndote lentamente otra vez en mí ahora hincado entre mis piernas.

Yo trataba de entender tus palabras:

Como es posible que me diga que me desea si me está poniendo una cogida de dios y señor nuestro

Preciosa...Te quiero tanto... Me dijiste mientras cubrías mis labios con los tuyos, y me pedías que sacarla la lengua, mientas la succionabas adentro de tu boca con fuerza, y sentía tu rabo taladrándome decididamente.

Otra vez sentí que me correría pronto.

En una sensación de completo abandono femenino, con el macho arriba, entre las piernas, extrayendo todo el placer posible de mi, sintiéndote poseerme, rendida a tus deseos, con el sexo escurriendo, tu sudor goteando sobre mi rostro, te dije:

-Guapo, estoy empapada...

-Si preciosa, te siento, deliciosa, abierta, caliente, resbalosa, siento como si me introdujera por completo en tu cuerpo y fuéramos solo uno...

Y nuevamente mi vagina se convirtió en torbellino, de mi garganta brotó un gemido casi doloroso, y mis piernas se enredaron en las tuyas, mientras mis brazos te apretaban fuerte y mi cadera buscaba a la tuya.

-Te quiero, preciosa... Dijiste, mientras esperabas que regresara a este mundo.

Me colocaste en cuatro patas sobre la cama, me abriste mucho las piernas, y volteando a verte, vi como tomabas saliva entre los dedos y embadurnabas tu miembro.

Lentamente, me penetraste el culo.

Yo apretaba los ojos, intentando aflojarme para reducir el dolor.

-Guapo, espera, me duele...

-Esta bien preciosa, ¿quieres con el gel?

-Si guapo...

Te saliste de mi, y tomé el gel, cubrí tu polla por completo y me coloqué un poco entre las nalgas.

Y coloqué la cadera en lo alto, esperándote...

Otra vez, lentamente entraste en mi. Esta vez ya no sentí dolor. Empezaste a moverte lentamente.

-Guapo que sientes...¿Muy apretadito? pregunté mientras sentía mi atormentado esfínter al rededor de tu miembro

-UFFF, no tienes una idea... Dijiste con voz temblorosa.

Comenzaste a moverte cada vez más rápidamente, mientras tu sudor goteaba profusamente sobre mi espalda.

Tus gemidos, agudos, sonoros, anunciaron que te estabas corriendo.

Besabas mi espalda, cuando te dije:

Estamos empapados, vamos a la regadera, tengo calor.

-Guapo, te quiero tanto... dije mientras te enjabonaba los brazos

-Yo te adoro, preciosa, dijiste abrazándome.

Es como si mientras más nos acercamos al momento en que definitivamente te irás, mas me amaras. De la misma manera como sucedía cuando estábamos a punto de casarnos, cada quien con nuestra pareja, no entre nosotros.
Más posible era nuestra situación, menos me querías. Mas imposible de continuar, y mas me amas.

Una dolorosa contradicción.

6 comentarios:

tomasuncafe dijo...

Una contradicción que produce dolor y gozo,
viví el relato intensamente.
besos

Jorge Ampuero dijo...

Candente. Y bueno, el sexo anal es doloroso para todas o solo para las primerizas en esto?
Un placer degustarte por aquí. Nos leemos.

Saluditos...

Lydia dijo...

Siempre sorprendes con sutileza a cada escena que se va dibujando tan suavemente, como quien no quiere la cosa y siempre tan brillante... tan excitante...

Maldita inocencia dijo...

Un relato caliente y tierno al tiempo mmmmmmmmm
Besitos

Zorra Cachorra dijo...

tomasuncafe:
Agradable que vivas el relato con intensidad, besos

Jorge: Gracias, mira de sexo anal solo puedo hablar de mi experiencia, soy cuasi neófita, y aún me duele siempre al principio. Por otro lado, hay quien lo goza, dicen. Yo no siento nada físicamente, solo placer de observar al otro. Placer "intelectual" digamoslo así.

Lydia. Muchas gracias por tus palabras, siempre tan cálidas y agradables, gracias or venir
Besos

Maldita. Caliente, como el calor que hace ahora por aca, gracias por tu visita, besos.

FRANCISCO PINZÓN BEDOYA dijo...

Me gustan mucho tus relatos... casi que son como una película, sólo que mejores....

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