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domingo, 1 de febrero de 2009

Universitario

Llevo toda la noche recordándote.

Escuchando la música, que hace 17 años reuniste en un cassette para mi.

Y me da miedo, como si esta nostalgia fuera el presagio de algo terrible.

Aun recuerdo la hora ridículamente temprana en la que pasabas por mi para ir a la universidad. Decías que era para no encontrar tráfico. En realidad yo sabía que era para quedarte conmigo, platicando en el coche, un buen rato antes de ir a clases.

Recuerdo tus facciones perfectas de adolescente europeo. Tu físico delgado y atlético. Tus ojos vivaces de un verde esmeralda. La ira que tenías contra la vida, que se llevó temprano a tu madre, y que te dio una que no estaba a la altura de lo que necesitabas.

Estoy conmovida con el amor que sentías por mi, muy poco correspondido. Tranquilamente me esperabas, buscando la oportunidad de llegar a mi corazón.

Éste pertenecía a otro, pero tu no perdías la esperanza.

Recuerdo tu modo de protegerme, de celarme, de cuidarme. De ver que no me faltara material para los trabajos.

Especialmente me acuerdo de observarte jugando fútbol americano, y pensar que tu físico era el ejemplo perfecto de un cuerpo renacentista. Fuerte, delgado, proporcionado.

Regresan a mi mente los momentos en que tratabas de abrazarme, de sentir mi cuerpo pegado al tuyo, es todo lo que podías lograr de mi. De como me sentía acosada por tu insistencia

De las cenas que hacíamos con los amigos, una de las cuales aprovechaste para besarme, en contra de mi voluntad. De los viajes para realizar trabajos de la universidad.

Una vez casualmente dejaste un poema que escribiste para mi, a mi alcance, para que pudiera leerlo. No sabías muy bien como conquistarme. Los recados que nos escribíamos en clase.

Tengo que confesarte algo, algo que nunca sabrás: Me parecías increíblemente guapo. Me hubiera gustado probar suerte contigo. Pienso que si hubiéramos tenido hijos, estos hubieran sido especialmente hermosos.

Y ahora, que te veo en otro país, aún sin casarte, no puedo dejar de pensar, al ver tus fotos, en lo bien que te han sentado los años. Sigues siendo el ejemplo perfecto de belleza renacentista, ahora con un cuerpo de hombre, embarnecido, pero musculoso y delgado. La espalda ancha insertada sobre una cadera angosta.

Te observo desde lejos, y no puedo dejar de pensar en donde estaría ahora si te hubiera correspondido.


6 comentarios:

Lydia dijo...

Los recuerdos de él, te traen nuevamente la mentalidad de entonces, como si su presencia actual te devolviera a la de entonces y en las miles de preguntas que te acechan, revolviendo en tu pasado imaginando como sería tu presente... pero la vida solo tiene un ritmo y una decisión y miles de oportunidades perdidas... miles de arrepentimientos... aunque eso sí, quizás no fueron, porque no iban a ser mejores, precisamente, porque la mente nos hace ver cosas que seguramente no son.

Catman dijo...

pues eso probablemente, solo tienes una manera de saberlo
;)
besos

XoXXeX dijo...

La inocencia y la nostalgia.
Si.

Maldita inocencia dijo...

No sé tú pero yo prefiero arrepentirme de lo que hago que de lo que no.
Besito

erotomana dijo...

Lo que no fue ya nunca será.
Todos a veces añoramos y fantaseamos otra vida que hubiese sido la nuestra...

Atalaje dijo...

Opino como maldita inocencia, es mejro arrepentirse de algo que hiciste que de algo que dejaste por hacer....

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